Estuviste en el campo, predicaste al pueblo,
pero solo pocos entendieron
las palabras que dijiste
y cómo Dios quiere que seamos.
Dijiste que los sencillos son bendecidos
y que la tristeza terminará.
Dijiste que es mejor bendecir que enojarse,
perdonar la injusticia.
Amar a Dios con toda tu alma
y al prójimo como a ti mismo
te hace heredar el reino de Dios.
Amar a Dios con toda tu vida
y al prójimo como a ti mismo
te hace ver el rostro de Dios
y sentir su cuidado amoroso.
Dijiste que debemos amar a los que nos odian,
bendecir a los que nos maldicen,
perdonar a los que nos causan dolor,
para romper la cadena del odio.
Dijiste que lo malo viene del corazón
cuando pensamos en el pecado.
Jesús, te ruego que me purifiques
para vivir en el reino de Dios.
Jesús, yo sé que tú sabes lo que siento
cuando sufro por amar.
Estuviste en la cruz, torturado y con dolor,
pero dijiste: «Padre, perdona».
Quiero aprender de tus palabras y de tu vida
las leyes del reino de Dios.
Amar con un amor divino y puro
a mi Dios, a mi prójimo y a mí mismo.
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