Cuando mi vida es dura,
llena de tristeza,
cuando no sé cómo sobrevivir,
cierro la puerta.
En el lugar tranquilo,
escucho de ti
y me dices:
No tengas miedo, mi niña amada.
Todo está preparado para ti.
Tu futuro está en mis manos,
porque te amé antes de que el mundo existiera.
Cuando miro los tiempos pasados,
cuando mi vida no tenía sentido,
recuerdo los tiempos
de tu presencia,
que me dieron fuerzas para vencer.
Y me dijiste:
También ahora entro en tu presencia.
Doblo mis rodillas ante ti.
Te doy gracias
por tus hechos,
por cada bendición,
porque es cierto.